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Composición 3: Un cumpleaños en París

Gabriella Del Gandio

   Fue una noche fresca y tempestuosa en París. La risotada burbujeaba desde el metro como cinco jóvenes se derramaron en la calle. Nosotros iluminábamos la noche con nuestras charlas y sonrisas rápidas. Estuvimos en París a celebrar un cumpleaños muy importante. Mi amiga, Rachael, estaba cumplido veintiún años. Pero, en este momento, nosotros estábamos atrasados. Teníamos una reserva en un hermoso y pequeño restaurante en el distrito de arte que venía muy recomendado para siete y media; ya eran nueve. El único chico, Evan, había tomado más tiempo para preparase. Cuatro chicas y un chico, y de alguna manera, todas las chicas estaban listas primero! De todos modos, hubimos perdido su reserva, pero esperábamos que seríamos capaz de obtener otra tabla.

   Al doblar la esquina por la calle del restaurante, comenzamos a darse cuenta de la calle estaba oscura completamente.Todos las tiendas y restaurantes estaban cerrados. Y cuando empezamos a pensar en él, todos los tiendas y restaurantes que nosotros pasábamos estaban cerrados. Todo de París se cerró. Fue terrible. Habíamos corrido por la ciudad, estábamos cansados, y ahora teníamos hambre. ¿Dónde comeríamos? Nosotros decidimos caminar por las calles un poco para ver si algo estaba abierta, tal vez.

   Después de ambular por unos minutos, nos resignamos al hecho de que la cena en un restaurante era imposible. Decidimos preguntar a las primeras personas que vimos dónde podían encontrar comida. Yo hablaba francés un poco, y comencé a practicar la pregunta, “Excusez-moi, pourrions-nous être en mesure d'acheter quelque chose de manger à cette heure?” ¿Dónde, de hecho?

   Eventualmente pasamos un grupo de hombre de negocios. Fue perfecto. Me apresuré a ellos y pregunté la pregunta más perfecto y cortés en francés. Pero, ellos parecían confundido. Finalmente, el hombre más cercano a mi respondió. Ellos no hablaban francés en absoluto. Eran australianos en París por negocios. Por supuesto, yo sentí tonta porque era americano y hablaba inglés también! Los hombres dijeron que no sabían de un lugar pero ellos, sino que habían pasado un conveniencia compran un cuadra adelante. Nosotros agradecimos los hombres, y nos dirigimos a la tienda.

   En este punto, era casi 10 de la noche. Cuando llegamos a la tienda, el tendero estaba cerrando! El tendero dije que la caja registradora se apagó, así que no les podía vender nada. Explicamos que hubimos perdido la reserva y nos ofrecimos a pagar en efectivo. Él les respondió que no tenía monedas para les el resto. Estuvimos de acuerdo con la disposición; teníamos mucho hambre.

   Salimos de la tienda con una caja de galletas, una bolsa de manzanas, y un trozo de queso. En buena medida, compramos un botella de champán y un paquete de gomitas por la postre. Tomamos su comida campestre al azar en la calle. Cuando cruzamos la calle, dimos la cuenta que nosotros terminamos en la Ópera de París de alguna manera. Y por eso, comimos nuestra comida campestre del cumpleaños a las escalinatas de la ópera. Hacía un poco frío y la comida no fue muy abundante. Pero, la vista era preciosa, la memoria estaba llena de risas, y la champán era el mejor que habíamos probado.