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Prólogo a Cocina Ecléctica

Juana Manuela Gorriti

El hogar es el santuario doméstico; su altar es el fogón; su sacerdotisa y guardian natural es la mujer.

Ella, solamente ella, sabe inventar esas cosas exquisitas, que hacen de la mesa un encanto. El famoso chef Brantôme dio recomendación a la princesa, quien le preguntaba consejo sobre cómo haría para sujetar a su esposo al lado suyo: "Asidlo por la boca".

Yo, ¡ay! nunca pensé en tamaña verdad. Deseosa de conocer otras regiones, me arrojé los libros. Viví experiencias en Homero, en Plutarco, en Virgilio, y en toda esa pléyade de la antigüedad, y después en Corneille, Racine; y más tarde, aun, en Châteaubriand, Hugo, Lamartine.

Nunca pensé que esos famosos genios existieron, porque —a excepción del primero— todos tuvieron a su lado, mujeres hacendosas y abnegadas que los mimaron, y fortificaron su mente con suculentos bocados, fruto de la ciencia más conveniente a la mujer.

Mis amigas, a quienes se los contaba, no admitieron mi error, sino a condición de hacerlo publico en un libro. Y, tan buenas y misericordiosas, como bellas, me han dado para ello preciosos materiales, enriqueciéndolos más todavía, con la gracia encantadora de su palabra.

(Texto actualizado)