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Composición 3

Vicky Repp

      Johanna Bernal quería establecer una tropa de scouts. Ella fue parte de una tropa cuando estaba en la escuela secundaria y quería que su hija tuviera la misma experiencia. En la escuela primaria de su hija Sara, Johanna estableció la tropa 728 en la clase de kínder. Había doce niñas, incluyendo Sara, que empezaron al nivel de margaritas. Las niñas estaban inseparables; hicieron la tarea juntos, jugaron los fines de semanas y participaron en actividades entre el asociación de scouts. Con tiempo, este lazo permanecía.

   Cuando las niñas empezaron la escuela secundaria, Johanna creyó que las niñas estaban listas para ir a un viaje lejos de la ciudad. Habló con los padres de las niñas y se aprobaron la idea. Johanna reservó el campamento y las niñas estaban muy felices. Decidió llevar dos chaperones y las madres de tres de las niñas se ofrecieron voluntarios. El campamento estaba localizado en el medio de nada en Florida. Era el fin de abril: había mucho calor, humedad y bichos de varios tamaños. Cuando llegaron a la entrada del campamento, el guardabosque pregunté a Johanna y los chaperones si tenían papel higiénico para el viaje. Johanna dijo No Señor, nosotros tenemos una cabaña con un baño y el guardabosque rió. Preguntó -- ¿Señora, sabes donde estas?

Necesitas andar en canoa para salir del campamento

         Johanna se puso frenético y habló con los chaperones. Ellos decidieron hacer el viaje porque las niñas pudieran aplicarse sus habilidades que aprendieron de las varias convenciones de la asociación de scouts. Antes de empezar el viaje, las niñas y los chaperones fueron al supermercado y compraron los suministros necesarios para el viaje: comida, cerillas, una linterna, papel higiénico, tres tiendas de campaña, espray de bichos, ponchos de lluvia y agua.

             El río era aproximadamente quince millas. Si empezó el viaje por la mañana, podía llegar al fin del río la próxima tarde. Había tres canoas con cuatro niñas y un chaperón en cada canoa. Las niñas eran nerviosas pero creían que podían hacer el viaje. Las tres millas primeras eran fáciles para todos; tenían un ritmo de andar en canoa. Pero, el ritmo se desvaneció cuando llegó el mediodía. Las niñas tenían hambre y los rayos del sol eran insoportables. Por eso, querían parar. Johanna y los chaperones hicieron sándwiches. En ese tiempo, Sara oyó un ruido y vio dos mapaches comiendo la comida en la bolsa. Cuando salvé la comida, los mapaches no dejaron nada; solamente barritas de cereales.

          Afortunadamente, había un cantidad suficiente de las barritas de cereales y agua. Las niñas y los chaperones empacaron las bolsas y continuó en su viaje. Viajaron casi siete millas cuando las niñas en la primera canoa vieron un árbol gigantesco en el agua. No tenía tiempo decir a las otras canoas que el árbol estaba bloqueando el río y se estrellaron. Las canoas volcaron y todo adentro de las canoas estaba en el agua. Nadaron al lugar más cercano mientras empujando las canoas. Algunas toallas y ropa consiguieron dejar secos. Era una noche fresca y podían ver muchas estrellas. Las niñas ayudaron los chaperones a montar las tiendas de campamento e iniciar una fogata. Las niñas y los chaperones comieron las barritas de cereales alrededor de la fogata y hablaron sobre el día loco que pasó. Rieron todo la noche y dijo que lo más importante era que estaban todos juntos.

El próximo día, empacaron las bolsas y las tiendas de campamento. Terminaron las últimas ocho millas sin problemas porque aprendieron del día anterior. Cuando llegaron al final del río, todos estaban muy entusiasmados. Johanna preguntó a las niñas si querían hacer este viaje el año que viene. Las niñas dijeron que si pero necesitaba clarificar con ellas primero.